Michelle Jenneke

El mito cuenta que los juegos olímpicos en sus inicios servían de tregua a los constantes conflictos que existían entre las distintas ciudades-estado griegas. Las competencias rendían culto a Zeus que era tal cual versa la creación de Dios para los distintos credos, el hombre hecho a su imagen y semejanza. Los héroes pisaban la arena desnudos, rindiendo a través del juego la conexión hacia lo divino, el hombre como parte de la naturaleza y en ese vínculo a lo más elevado. Es muy impresionante encontrarse aun hoy con hombres y mujeres que logran esa conexión a vista de todos, en una perfección tal que en cada certamen se siguen batiendo records. Fuerza, delicadeza, templanza, valor, disciplina, excelencia y en cada prueba un despliegue incesante de cuerpos trabajados en una condición física al máximo, casi sobrehumano, sorprendente. Una belleza.

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